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Martes, ago. 21 de 2012

El gol que enloqueció a un millón de personas

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EMS

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Allá, en el estadio de Cali, el silencio estremecía, se podía escuchar claramente el zumbido del balón cuando cruzaba por los aires http://www.deporteespectacular.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif. Se podían oír los gritos de los jugadores. Porque ellos eran los únicos que hablaban.Y acá en Barranquilla, también había silencio. Sólo se escuchaban gemidos prolongados cuando el balón pasaba cerca del arco o cuando el locutor decía que el gol del Junior era inminente.

Allá, en el banco del Junior José Varacka sólo pedía un gol, “Si hacemos un gol, empatamos”, decía el “Puchero”, con la voz entrecortada. Y en busca de ese gol, inicialmente, había lanzado a la cancha a Carlos Molinares y a Fernando Fiorillo, tratando de cambiar el decorado del partido que ganaba Cali por dos goles a cero.

En verdad, en el fondo, pese a la natural preocupación, existía el consuelo de tener “otra” oportunidad el domingo cuando en la última fecha, Junior se enfrentaría al Atlético Nacional.

Fiorillo inició su trabajo del medio campo hacia adelante, con un fútbol hábil y talentoso. Molinares comenzó a incursionar por la derecha. Y Valenciano tenía, ya como centro delantero, permanente auxilio de las puntas y de atrás, donde Tutino era una catapulta y donde hasta Reyes y verdugo trataban de sumarse al ataque.

Cuando Molinares ganó ese balón a Muentes, en un pase de Dulio y Otero, alcanzó a rechazar para que recuperara Fiorillo, amagó y Muentes quedó pegado al piso, mientras que por el centro picaban Valenciano y Tutino. El servicio de Fiorillo llegó a Valenciano, quien dio a Tutino, cuando Otero intentaba tapar. Y Tutino dio adelantado sobre la derecha de Molinares. Muentes fue a la marca y el arquero Valencia salió. El disparo fue fuerte, seco, preciso, y así Junior se acercaba a la hazaña.
El “golcito” que pedía Varacka estaba hecho. Ahora había que esperar, mordiéndose las uñas, o prendiendo cigarrillos, que ese dominio que Junior ejercía en el campo se tradujera en un gol más.


EL GLORIOSO GOL DE BERDUGO

León Martínez confiesa que en esos minutos precios al gol de Gabriel Berdugo, no pronunció una palabra. José Varacka dice que sólo olía a Peña y a Fuad que le decían: “Ya llega, ya llega”.

Entre tanto, cuando el balón estaba arriba, llevado por Fiorillo, Dulio miranda, ese gigante que es el sinónimo de la fuerza física, temblaba atrás y apretaba con su mano derecha el escapulario que le había regalado Sor Magali, la monjita que lleva debajo de su hábito blanco, en su corazón, una camiseta del Junior.

Y acá en Barranquilla, toda la ciudad, todos los habitantes: niños, jóvenes, ancianos, madres e hijos, ponían el alma en el suspiro, en la respiración.

Después, fue como la expresión de una bomba, con luces que se levantaron al cielo para anunciar un suceso memorable.
Tutino había cobrado una falta de Chiape sobre Converti, y el arquero Valencia despejó con los puños. El balón quedó en las piernas de Valenciano, pero se fue rebeldemente aun lado. Bolaño recuperó por la izquierda. Dio a Dulio. El gigante avanzó con el balón. Levantó la mirada y vio a Converti por la izquierda. Lanzó el balón hacia allá, otra vez Chiape fue bruscamente contra el número once, derribándolo. El árbitro Fandoz pitó la falta, exactamente en el sitio donde Tutino había cobrado un minuto antes. Se jugaba la agonía del partido, minuto 37, quedaban ocho. Tutino se paró frente al balón, cinco hombres del Cali se pusieron en la barrera.

“Pensé disparar al arco. Por un momento tuve intenciones de repetir lo que había hecho antes porque creía que Valencia estaba nervioso, pero vi a Fiorillo tirado hacia mi derecha. En la barrera había un hueco, Valencia lo había pedido así para mirarme a través de él, y para no perder de vista el balón. Fiorillo no dijo nada. No se le podía avisar al enemigo. Y arranque…”

Eso lo cuenta Tutino. Fiorillo dice que él se paró a unos nueve pasos a la derecha de Tutino, con la esperanza de que este le diera el balón.

“Nadie estaba frente a mí. Tenía espacio para darle”, dice Fiorillo.

Y en la mole de cemento los aficionados caleños habían enmudecido. Sus caras estaban tristes. Entre otras cosas, para ser campeones no les bastaba con ganarle a Junior, sino que tenían que esperar los resultados del domingo próximo: a ganar al América y que Nacional le empatara por lo menos al equipo barranquillero.

Tutino pasó por encima del balón y con la pierna izquierda, con una especie de “taquito” colocó el balón a la derecha a Fiorillo.

“Yo estaba parado al lado de Willington. Él había venido a marcarme. Pero inteligentemente, Molinares vino a mi lado y amagaba con entrar al remate, Willington se olvidó de mi empezó a marcar a Molinares”, recuerda Gabriel Berdugo.

“El balón me cayó preciso, con tiempo y distancia para mi impulso. Y le di con todo. Valencia algo salido del arco, rechazó lanzándose sobre su izquierda y entonces vi a Berdugo que entraba a rematar. Y cuando la bola entró, me volví loco”, dice Fiorillo.
En verdad, todo el mundo se volvió loco. Aquí y allá. Los aficionados se abrazaban, y comenzaban todos a tirarse a las calles.

León Martínez gritó: “Somos campeones de Colombia”, y se abrazó con Varacka. Todos se pudieron de pie. Deluqe, Orejita, Lucho, Fuad…todos. Pero el drama no terminaba aún.


BERDUGO LO CUENTA

“Antes de la jugada del gol, estuve cerca de rematar. Yo le había dico a Dulio que se quedará atrás que yo iba a anotar el gol del empate. Y Muentes me anticipó cuando vi el arco tan cerquita. Pero después del remate de Fiorillo no lo dudé un segundo.

Con el disparo me fui al balón, sobre Valencia. Que lo suelte Dios mío, que lo suelte, rogué. Son milésimas de segundos nada más, pero le pasan a uno tantas cosas por la cabeza que parecen una eternidad. Y entré a rematar con mi pierna derecha. Valencia quedaba en el suelo y yo le pegué fuerte. Me dicen mis compañeros que era más difícil botarlo que meterlo y creo que es cierto. Pero en ese momento, cualquier cosa puede ocurrir. Fíjate que hasta me faltó poco para chocarme con el poste. Tal era el impulso que llevaba. Entonces di vuelta, como tomando una curva en una carretera, y esti´re los brazos. Al primero que encontré fue a Valenciano. Después me cayeron todos encima”, narra Berdugo.

En su nueva casa en Barranquilla, Rosita de Berdugo y sus hijos estaban pegados al receptor de radio y cuando oyeron: “gol de Berdugo, gol de Berdugo”, se abrazaron todos. Allá, el capitán del Junior había caído en un abrazo emocionado con todos sus compañeros. Acá en Barranquilla, su familia lloraba de felicidad.

Y después a defenderse, mantener ese empate y hasta Fiorillo marcaba. Y Bolaño era gigante. Y Dulio se lanzaba a despejar. Y Delménico era un coloso.

Luego, la vuelta olímpica, en las propias narices de Alex Gorayeb, y el regocijo en el camerino.

“Y ya lo ve, ya lo ve, es el equipo de José… y bombombom, es el equipo de León”, cantaban todos en el vestuario, embriagados de alegría.


(El Heraldo, diciembre 23 de 1980)

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