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Lunes, oct. 15 de 2012

Doña Cleotilde: 119 años de amor

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EMS

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Transcurría el año 1988.  Yo era un periodista entregado a la reportería buscando historias en cada uno de los rincones de la región Caribe, cuando a Mauricio Gómez, director del Noticiero 24 Horas, se le ocurrió la brillante idea de buscar a los abuelos más ancianos de Colombia.
 
Recuerdo que iban varios representantes del interior del país punteando en una especie de reality sin proponerlo, porque las historias desarrollaban la crónica en televisión en todo su esplendor. Una corresponsal de Popayán había contactado a un abuelo de 105 años. Entonces era lo máximo.
Por esos días alternaba mi trabajo de periodista dictando clases en la Universidad Autónoma del Caribe. Cuando de pronto una de mis alumnas me asaltó con la expresión que el abuelo de Popayán no le tocaba los talones a su abuela de Punta de Piedra, Magdalena.

Pensé por momentos que me tomaba el pelo o me estaba mamando gallo. Fue así como coordinamos viaje para ese apartado pueblo fundido en medio de la Ciénaga de Zapayán, después de la nada. Dos horas en carro hasta Calamar y tal vez tres en chalupa navegando por el río Magdalena, un largo caño que desemboca en la ciénaga y por fin a la distancia, después de pasar otro pueblo que se llama Bomba, pusimos los pies en tierra firma en Punta de Piedra.

Éramos como extraterrestres en ese pueblo, porque la gente ante tan pocos visitantes sale a saludar, y si traen cámaras de televisión pues mejor. Llegamos a la casa de la abuela de mi alumna. Una rústica vivienda hecha de bareque y techo de paja. El piso de barro al igual que las calles. Allí estaba ella. Doña CleotildeGuette Medina, 119 años, demostrados con cédula en mano y de pie como un roble dispuesto a seguir creciendo.
Doña Cleotilde tuvo varios hijos, la mayoría mujeres, todas pasaban de los 80 pero sin miedo a equivocarme puedo señalar que ella se veía más joven. Imperturbable  al paso del tiempo.
Después de caminar por la casa, salir al patio, hacer uno que otro oficio propio de las mujeres de pueblo, bailar y cantar comenzó la entrevista. No hablaba muy bien, pero la mente estaba despejada como un cielo azul sin una sola nube en el horizonte. Al final del diálogo tuve la ocurrencia de preguntarle, sin antes hacer la salvedad que la hacía con profundo respeto, que quería hacer antes de morir. Y ella con esa claridad meridiana me lo dijo de frente: “quiero conocer a Poncho Zuleta, pero él no viene a estos pueblos porque tiene miedo de montarse en una canoa”.

El desafío estaba montado. Tenía la obligación moral de llevarle al cantante a esta anciana de 119 años que podía partir al más allá en cualquier momento, cosa que debía ser en el acto. No había posibilidades de perder tiempo.
Me asesoré de varios amigos para contactar a Poncho, pero cuando conversé con él me dijo las mismas palabras de la anciana: “usted está loco compadre, yo no monto en lancha, le tengo pánico a esa vaina”. Después de una larga charla convencí a Poncho Zuleta, y un mes después de aquella visita iniciábamos otra vez el viaje a Punta de Piedra.

Llegando a Calamar Poncho Zuleta divisó el río y la lancha. El vallenato movía la cabeza de un lado a otro como queriendo decir que no estaba preparado para esa aventura. Pero unos cuantos tragos de Old Parr le dieron la suficiente valentía para olvidarse de sus temores para arrancar río arriba.
En medio del viaje salió una de las historias más jocosas que he podido escuchar. Le pregunté a Poncho cómo hacía con su familia en medio de tanto viaje por esto de las presentaciones musicales. Sin arrugarse me dijo una frase que no olvidaré jamás: “compadre Jorge, es que mi mujer es casi una señorita”.

La llegada a Punta de Piedra fue apoteósica. Si tres tipos con cámaras un mes atrás suscitaron la atención del pueblo, Poncho Zuleta provocó una revolución. Eran miles de personas que sabían de nuestra iniciativa por lo que el asunto se regó como pólvora. Había gente de Bomba, Calamar, Pedraza y de cuanto pueblo cercano.

El encuentro entre doña Cleotilde y Poncho no pudo ser más emotivo. La viejita cantaba y hacía palmitas con sus manitos arrugadas. Su rostro estaba iluminado como si un reflector solo la estuviera apuntando a ella. Poncho hizo su mejor presentación para alegrar a la abuela. Le cantó cada tema que ella pedía, la sacó a bailar y en medio de ese sudor que los arropaba  se fundieron en un abrazo.

La historia conmovió a Colombia. El Noticiero 24 Horas abrió con esa nota dándole 14 minutos. O sea medio informativo. Impensable para un país que todos los días prendía el televisor para ver en esa época bombas, secuestros y asesinatos.

Tres meses después murió doña Cleotilde con el sueño cumplido.

Regresamos a Punta de Piedra pero el pueblo era diferente. Las aguas de la ciénaga se abalanzaron contra la población inundándola por completo. Tanto así, que el ataúd que llevaba los restos de doña Cleotilde fue transportado en una canoa al cementerio que estaba ubicado en una pequeña loma que por cierto era el único lugar donde uno podía caminar.

Seis meses después la historia que titulamos‘Doña Cleotilde: 119 años de amor’ ganaba el Premio Rey de España, el galardón más importante del periodismo Iberoamericano. Antes de recibir el reconocimiento de manos de su majestad Juan Carlos en el Palacio en Madrid nos instruyeron sobre nuestro comportamiento ante los soberanos. Éramos cinco periodistas que habíamos ganado en las categorías de radio, prensa, fotografía, reconocimiento especial y televisión.

Cuando se abre la puerta para que ingrese al recinto el Rey Juan Carlos acompañado de la Reina Sofía éste lo primero lo primero que pregunta rompiendo el protocolo, “¿quién de ustedes hizo la historia de Doña Cleotilde? La he visto más de tres veces y no dejo de llorar al ver algo tan emocionante y amoroso. El video reposa en mi biblioteca”.

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