SITIO OFICIAL DEL PERIODISTA ERNESTO McCAUSLAND

La lapidación de Mariluz

Si no hay sorpresas, La Fundilloloco va a ser la canción del Carnaval. Lleva ya sus días bailándose por todos lados, en medio de la alegría de la pretemporada, y —claro— acompañada del cuchicheo de la gente, que no deja de sacarle punta al chisme monumental que la canción encierra.

Chismoso que se respete ya debe haber conjeturado que el artista se la dedicó a su ex mujer Mariluz Alonso. En una oportuna entrevista para este diario, Joe dice que la canción no está dedicada a esta elocuente barranquillera que fue su mujer durante tres décadas, lo acompañó y lo ayudó a salir de las experiencias más nefastas de su vida, y hasta se casó con él en una bella mañana de sol, brisa y mar, un acontecimiento que los amigos de la pareja recordamos hoy con nostalgia y pesar. 

La verdad es que yo no le creo a Joe. Pero aun si no se la dedicó, un hombre tan inteligente como Álvaro José Arroyo González, que lee sobre historia de la humanidad y ha creado letras como La Rebelión, debió suponer que a la canción la iban a vincular con su accidentado divorcio, máxime cuando se trata de un artista cuya genialidad e impacto han radicado en su talento para la canción autobiográfica. Recordemos A mi Dios todo le debo, Echao pa’lante, Tumbatecho y muchos otros temas en los cuales el artista alude —con su extraordinario talento— a los momentos cruciales en su vida.

Me he enorgullecido siempre de la amistad de Joe Arroyo. Eso lo sabe gente en el mundo entero, que suele llamarme para que los ayude a buscar contacto con el artista. Incluso, documentalistas europeos y norteamericanos me han entrevistado para piezas sobre la vida de Joe. Debo decir también que no soy amigo del artista famoso, sino del muchacho auténtico, tan sencillo como grandioso, lleno de buen humor y casi siempre de buenos sentimientos. 

Conocí a Joe el día en que, como reportero de este diario, fui a buscarlo a una “caleta” de vicio en el barrio Abajo. Meses después encontré a un Joe renovado, viviendo con Maryluz en el barrio Paraíso. Eso ni el mismo Joe resentido de estos días lo desconoce: Mariluz lo cambió. Fue su apoyo, su amiga, su consejera, su compañera y aun su enérgica protectora en momentos difíciles. Fue —para decirlo musicalmente— “Mi Mary”.

Entonces la amistad nació no sólo con Joe sino con la pareja, antes incluso de que vinieran al mundo sus dos preciosas hijas. Por eso, aun si me cuesta el acceso a Joe, sigo siendo amigo de los dos.

Los detalles de la separación parecen los de la película La guerra de las rosas y no pienso entrar en sus escabrosos detalles. Pero independientemente de lo que haya pasado, aun si llegara a comprobar que Mary fue la culpable, (cosa que no creo), jamás le daría la razón a Joe en lanzar esa canción tan insultante, tan denigrante para una mujer.

En cierto modo, Joe ha convertido a Mary en una versión barranquillera de Amina Nawal, la nigeriana que estuvo a punto de ser lapidada por adulterio; la ha apedreado con esa canción llena de burla e insulto, de la que Joe debía retractarse.

Mal podría esperar uno que la gente reaccione y deje de gozarse los tambores y el chisme de la canción. Ya el vallenato impuso su ley de que el hombre siempre es la víctima, en un fenómeno que se repite: el tipo trata mal a la mujer, la somete a infidelidades, a veces a golpes, y cuando ella se va, entonces le dedica una canción lastimera; el eterno “te fuiste y me dejaste”. El hombre, en nuestro medio,  es la eterna víctima. Por eso admiré siempre a la cantante Patricia Terán: en medio de su elementalidad, se sacó la espina a nombre de todas las mujeres, e hizo canciones a nombre de ellas. De allí que en sus conciertos veíamos mujeres con una botella de aguardiente en la mano que seguían las letras con genuina emoción. ¡Una auténtica revolución femenina de nivel popular!

Pero eso fue una gota de agua en el desierto. Tampoco es de esperarse que la gente vete la canción. En un medio proclive a deleitarse con el chisme matrimonial, ¿quién se va a privar del semejante banquetazo que Joe ha servido en bandeja de plata?

En lo que a mí respecta, mis programas radiales y de televisión, juro por Dios que no volverá a sonar una nota de esa canción. Me da mucha pena con un amigo del alma, pero a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa...ni con una canción tan burda. 

(El Heraldo, enero de 2004)